La Tribuna asiste a los trabajos de la terminal de carga del aeropuerto Central * El trabajo del personal permite descargar 16.000 kilos de pescado en poco más de 20 minutos e iniciar el proceso de distribución por España.
Poco más de 21 minutos. Ese es el tiempo que transcurre mientras que el Boeing 737 de la compañía Saicus apaga sus motores frente a la terminal de carga del Aeropuerto Central y los 35 palés de pescado están ya fuera de la bodega de avión y empiezan a ser tratados por los operarios de DSV, la empresa que, junto al aeropuerto Central, gestiona la terminal carguera de Ciudad Real.
Hace poco más de dos meses el aeródromo ciudadrealeño recibía el primer avión carguero que iniciaba así lo que los gestores del Central definían como una línea «estratégica» del aeropuerto, la del transporte de mercancías. De hecho, y según las cifras de Aena, aunque por ahora únicamente hay una ruta activa (Ciudad Real-Islas Canarias) y empezó en la segunda mitad de julio, ha superado ya a más de una veintena de aeródromos de la red pública que, en ocho meses, han transportando menos mercancías que lo que ha hecho Ciudad Real en poco más de 50 días.
Y es que en este mundo no hay tiempo para las pausas. Todo tiene que ir rápido y coordinado. Las lubinas y doradas que transporta la empresa Mar de Vigo desde las islas Canarias tienen que estar en las cámaras frigoríficas de la terminal cuanto antes. Allí se conservarán a dos grados bajo cero para, un par de horas más tarde, iniciar el viaje a la central de DSV en Madrid y, desde allí, dirigirse a los mercados de Barcelona, Valencia, Málaga, La Coruña y Vigo.
El 737 de la compañía Saicus llega al aeropuerto ciudadrealeño en torno a las once menos cuarto de la noche. Mientras se inician las maniobras de aproximación, el primer equipo de operarios de la empresa CR Aeropuertos está ya preparado para sacar la carga. Son cinco personas: tres operadores de rampa, un capataz y un coordinador de handling, esto es, de atención al vuelo. Ellos tienen la misión de sacar del vientre del avión 15.130 kilos de carga en la mayor brevedad posible. Para eso tienen a su disposición una máquina high loader de última generación, un utensilio que se utiliza para extraer y bajar la carga del avión. Una vez ahí, son dos carretillas dollys las que trasladan los pesados palés a la terminal, al mismo tiempo que se acaban de colocar la escalera para entrar en el avión y un motor auxiliar denominado GPU alimenta al avión durante las tareas de descarga.
Tras un vuelo «muy tranquilo», que eso sí, se inició con 40 minutos de retraso en el aeropuerto de Gran Canaria, los pilotos Ricardo Naval y Pablo Juárez dejan todo el operativo en manos del Central. Su trabajo por hoy ya ha terminado, aunque en apenas unas horas, a las 8 de la mañana, iniciarán el camino de vuelta: partirán hacia las islas Canarias llevando nueva mercancía, en este caso ropa de la marca textil española más importante del país y material de automóviles.
Mientras abandonan el avión, la carga se ‘enfrenta’ a la inspección que realizan los agentes de la Guardia Civil destacados en la aduana del aeropuerto, un punto que otorga mayor rapidez a los trámites de las mercancías que lleguen precintadas de distintos puntos como puertos u otros aeropuertos.
Una vez comprobada la documentación de lo que se transporta, la mercancía se «desconsolida» y se prepara para los siguientes pasos antes de iniciar su distribución por toda la geografía nacional.
Sin embargo, para eso aún hay que esperar. Una vez que se obtiene el visto bueno de los agentes de la Benemérita, la empresa DSV es la que toma las riendas del operativo o, mejor dicho, de los varios operativos que instantáneamente se ponen en marcha.
El primero es la llegada y la recepción de la mercancía en la propia terminal. Allí, DSV dispone de ocho operarios, más un responsable de calidad al que se añade el jefe de la terminal, Emilio Terceño, que se encarga de dirigir a sus compañeros.
Lo primero que hay que hacer es desmontar los palés en los que aparece el rótulo que identifica claramente la carga: «Doradas y lubinas de Canarias».
Liberadas las cajas y ayudados por unas carretillas, se traslada toda la mercancía a las cámaras de refrigeración del aeropuerto para productos de consumo humano. Allí se ordenan «según el tipo de pescado que sean y su talla », comenta Emilio, mientras no quita ojo al trabajo de su equipo.
Apenas han pasado 18 minutos cuando todas las cajas están ya en las cámaras de refrigeración. A partir de las 23.34 horas, le toca el turno al responsable del área de calidad. Él es la persona que tiene que certificar que el pescado ha llegado en buen estado. «Para eso mide la temperatura y realiza diferentes pruebas», asegura el jefe de la terminal. Se trata de que la mercancía llegue a su hora, pero también en unas condiciones óptimas.
Para lograr esa meta todo está preparado. Desde el avión, que dispone de la bodega refrigerada para mantener una temperatura constante, a las cámaras frigoríficas del aeropuerto, sin olvidar el transporte por carretera. Los camiones también mantendrán la temperatura que necesita el pescado para no romper la cadena de frío. Además, cada caja que se utiliza para transportar la mercancía lleva incorporado un pequeño termómetro que permite comprobar en todo momento las condiciones y la temperatura en las que se realiza el traslado del pescado.
El proceso de comprobación de la calidad se extiende el tiempo justo. «Una vez verificado, vamos sacando la mercancía de las cámaras para llevar a cabo un procedimiento de ‘rehielo’. Se comprueba que todos los palés hayan llegado con el hielo necesario y en caso de que no, se rehielan».
Mientras se hace esa tarea, otro grupo de empleados empieza a hacer unos pequeños agujeros en las cajas donde se encuentran las lubinas y las doradas. Con esto se pretende que el agua que haya podido formar por el hielo derretido en el largo proceso de transporte que se inició en las islas Canarias «salga y evitemos que, si es necesario volver a poner más hielo, éste se derrita otra vez rápidamente por el contacto con el agua».
Toda la mercancía que supera este proceso vuelve de inmediato a la cámara frigorífica. La cuenta atrás para que llegue el momento en el que el camión salga hacia Madrid llega ya casi a su punto y final.
De momento, como afirma Terceño, la distribución hacia todo el país todavía no se realiza desde Ciudad Real «a la espera de asentar» un operativo que apenas ha cumplido sus primeros meses de actividad. «Primero, hay que ir poco a poco y afianzar todo el operativo antes de dar nuevos pasos», dice el responsable de DSV en la terminal de carga.
No en vano, el trabajo en esta área de negocio aún sigue perfeccionándose, lo que implica que hay que trata de hacer lo mismo, igual de bien y en menos tiempo. En los primeros meses, los operarios de la terminal de carga del Central han conseguido reducir «todo el operativo de las casi cuatro o cinco horas que tardábamos los primeros días a entre dos horas y media o tres». Eso significa que «en torno a las tres de la mañana, está toda la mercancía fuera y marchando a los destinos».
Y es que el tiempo es oro. Apenas tres horas más tarde, a eso de las siete de la mañana hay que iniciar el mismo operativo, pero a la inversa. Hay que cargar el avión para comenzar la exportación de toda la mercancía que volará hasta el archipiélago canario.
Pero antes de ponerse a pensar en el día siguiente, hay que llevarse de Ciudad Real las lubinas y las doradas que aguardan en las cámaras frigoríficas, mientras se terminaba de poner de nuevo el hielo en las cajas que lo necesitaban.
Cuando ese proceso va tocando a su fin, los conductores del camión entran en juego para activar la cámara frigorífica en la que transportarán el pescado hasta la capital de España. El enorme camión de la Asociación Transportes de Pescado de Vigo empieza a rugir en torno a las tres de la mañana. El pescado llegará a tiempo a media España, desde el océano Atlántico vía Ciudad Real.
Autor: La Tribuna de Ciudad Real


No olvidemos que el Central fue concebido inicialmente como aeropuerto de carga, de ahí esa larga pista, ya que los aviones “cargueros” debido al gran peso que transportan necesitan más recorrido de pista para los despegues, en comparación con los aviones comerciales de pasajeros. Y que ya de paso es un lujo para los comerciales pues ante una eventualidad de emergencia van sobrados de pista.
Entiendo que debería de potenciarse aún más la actividad de la carga que es donde hasta la llegada del AVE tenemos un mayor abanico de posibilidades. Y máxime teniendo en cuenta que lo mejor de esta actividad está por llegar: el Puerto Seco. Es decir, otra estación ferroviaria pero de mercancías, que estará unida a la Terminal de Carga lo cual tendrá un gran impacto al poder transportar las mercancias tanto por carretera como por raíles.
Los trabajos de nivelación de los terrenos destinados al Puerto Seco, ya están casi terminados. En conjunto el Central es un proyecto muy completo y ambicioso donde además de su inmejorable situación geográfica y amplios terrenos, es perfecto no como alternativa a Barajas, pero sí como complemento ideal, a escasos minutos de vuelo y sin apenas desviación de la ruta.
Pienso que la llegada del AVE transformará esta evidencia en realidad, en breve espacio de tiempo. La saturación de vuelos en Barajas va en aumento y es más factible y rentable una colaboración con el Central que ampliaciones o un nuevo aeropuerto madrileño, es mi opinión.
De todos modos el Central dispone y dispondrá de recursos y atractivos más que sobrados para atraer de por sí a las propias compañía aéreas. Al tiempo.